VIEJOS ESCRITOS II

Por Iván González Eslava.

En la actualidad la competencia laboral se ha acrecentado cada vez más, provocando que el trabajo se vuelva más profesional y exigente. Si para los adultos este nuevo cambio les resulta algo difícil, para los jóvenes nos es aún más.

La inestabilidad del sistema socio-económico actual trae muchas vertientes que dificultan al joven estudiante/empleado desarrollarse en su vida diaria. Esto ha provocado que a muy temprana edad el alumno adopte al mismo tiempo el rol de empleado. Claro, esto no surgió de la noche a la mañana; si no que a partir de la imposición del capitalismo como modelo económico. Este cambio ha originado que la mayoría de la juventud económicamente activa se tenga que esforzar más para superarse, llegar a alguna meta, cumplir con sus responsabilidades, sobresalir socialmente, cubrir sus necesidades y lo más importante de todo, ser independiente. Todos estos hitos hacen que el joven tenga menos tiempo personal y social, por lo cual solamente se dedica al trabajo y al estudio. Este ciudadano no sólo se enfrenta a los acontecimientos sociales y económicos sino también a los de la ciencia y la tecnología. Conforme pasan los segundos en la historia de la humanidad, surgen nuevos inventos y paradigmas que modifican radicalmente la comprensión y el desarrollo del individuo, en muchos casos es muy difícil la adaptación porque cuando ya se tiene un criterio de lo que según es la realidad vienen nuevos acontecimientos que la alteran.

La religión pasa a un plano más lejano porque tanto en su decadencia como en la de la ciencia, una gran proporción de la juventud actual no tiene bien definida su religiosidad o lleva una religión muy light, tal y como lo dice Enrique Rojas en su descripción del hombre light: “Se cambian los valores y los esquemas, él mismo diseña su religión, le preocupa su apariencia humanística. Pero esto no genera libertad, la libertad se genera a través de la verdad y el amor. No hay que basarse en ídolos de barro que al cabo de un tiempo no han nutrido su alma, sino que aquellos que perduran y que aportan la felicidad verdadera”.

Pareciera que no, pero la juventud sigue el mismo camino que ha dejado el capitalismo y la globalización desde sus inicios. Tarde o temprano se convierte en otro bloque materialista, vacío, consumista y complemento fundamental para el funcionamiento del mismo sistema, el cual ahora se encuentra inestable y muy probablemente decaiga en los próximos años.

En conclusión: “están ocurriendo cambios inmensurables en las cuatro dimensiones del ser humano que alteran de manera drástica su desenvolvimiento social” Para delimitar a quiénes afectan seguiré refiriéndome a la juventud de ahora.

Sin duda la juventud está sufriendo mucho (conciente e inconcientemente) de todo lo que está ocurriendo. Muchos están temerosos de las muy sonadas profecías acerca de guerras, epidemias, muertes, fenómenos naturales como nunca se habían visto y hasta el día del juicio final o fin del mundo. Esto ha provocado dos bloques que se contraponen: los que se preocupan por tener una mejor calidad de vida para evitar ser víctimas de lo que se pronuncia a futuro, y los que piensan que de nada sirve trabajar, esforzarse, tener una mejor posición socio-económica si de todos modos se va a acabar el mundo. Tema muy controvertido en la actualidad, sin duda.

Puede que mi interpretación no sea la mejor pero creo que las profecías no hay que interpretarlas literalmente como están predichas, sino pensar en alternativas adyacentes a estas. ¿Para que pensar en acontecimientos fatalistas? Cuando podemos pensar en cosas positivas y crear planes de contingencia en caso de que ocurriera así. Creo que lo que viene a futuro es un cambio global del paradigma al que estamos acostumbrados a ver tanto en la naturaleza como en la sociedad misma. Por lo que no hay que entrar en pánico por las predicciones religiosas, esotéricas y científicas que solamente nos aturden y distraen de otros acontecimientos importantes.

Lo que debemos hacer tanto tú como yo, es trabajar arduamente y buscar el equilibrio de todos los ámbitos de nuestras vidas. Estudiar y prepararnos, de manera racional, espiritual y física. Hacer un cambio de conciencia y pensar en puras cosas positivas. Cuestionarnos acerca de todo lo que percibimos, ser más críticos y analistas de todas las cosas. Aprovechar nuestro tiempo al máximo en cosas productivas y evitar el ocio. Esforzarnos cada día por ser mejores seres humanos y tener una mejor calidad de vida. Proteger el medio ambiente, contribuir en las causas sociales y ambientales. En fin creo que por sentido común, al menos la mayoría, sabemos lo que es bueno y lo que es malo. Todo es cuestión de actitud.

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