VIEJOS ESCRITOS III

FRAGMENTO DE LA VIDA DE UN UNIVERSITARIO
UNA SEMANA DE MI VIDA
Iván González pretende vencer sus pasiones
“No me decido como empezar el relato de una semana cotidiana porque pienso que no existe un momento preciso en el que podamos decir: “aquí empieza mi día”. Pues creo que todo es producto de la causa-consecuencia”.
En este momento opto por iniciar desde el día en que me levanté con mucha energía y motivación. Aquél día sonó el despertador de mi celular que se encontraba en la cabecera de la cama y rápidamente me levanté, empecé a buscar mis libretas y todo lo que llevaría a la universidad, pues la costumbre de la organización y la responsabilidad se me había olvidado. Habían pasado ya diez minutos y recordé que el día anterior no me había duchado, el tiempo se hacía cada vez más estrecho y decidí hacerlo. Un tercio de hora me tardé y la esposa de mi padre me apuraba con las mismas palabras de todas las mañanas. Precipitadamente cogí mi mochila, desayuné y rápidamente tomé mis tennis los cuales me iría poniendo en el camino rumbo al paradero. Faltaban sólo dos minutos para que el camión desertara y a lo lejos pedía a la suerte que no lo hiciera, porque si lo hiciese tendría que ingeniármelas para llegar lo más puntual posible a la escuela. Aproximadamente después de una hora de salir de casa llegué a la tan anhelada universidad –gran fuente de aprendizaje y placer-. Durante mi trayecto al salón de clases saludaba a todo mundo, llegué al salón y unos minutos después iniciaron las clases. No pasó mucho tiempo y tuve ansias de comer algo, y así durante todo el transcurso de la mañana me la pasé comiendo y según yo prestando atención. Por fin había terminado el horario de clases y la motivación estaba por los suelos. Debo confesar que durante el día siento física y emocionalmente como esa energía con la que me levanto se va diluyendo poco a poco.
Son las dos de la tarde y es el momento de ocio e indecisión, no se que hacer. ¿Me voy a dormir al salón más cercano?, ¿cumplo con mi responsabilidad de estudiante o socializo?; generalmente siempre elijo la tercera opción. Pasa el tiempo y llega la hora de entrar al trabajo, durante ese lapso aprovecho para hacer tareas pero tengo que aceptar que me falta más concentración y pierdo mucho tiempo. Termina la jornada de trabajo y me dedico a buscar algún aventón. Llego a la ciudad y ésta es la parte del día que casi en todas sus veces me termina por matar. Tomo el camión después de un rato de internas mentadas de madre y me dirijo a mi casa. Durante el trayecto voy contemplando todo a mí alrededor; gente, autos, luces, ruido, todo es un tremendo caos. Conforme la gente baja y sube siento que se va consumiendo la poca energía que me queda, soy contagiado de iones negativos traducidos en estrés y más cansancio, lo cual da como resultado muchas ganas de dormir. Pasa aproximadamente una hora y llego a mi casa, saco las llaves con mucho trabajo y entro al lugar que aunque no me hace feliz al menos me da un momento para descansar.
Y así durante cinco días seguidos la historia se repite y se repite, la misma rutina que ya me tiene harto. Llega el tan esperado sábado y no me importa nada más que descansar y encontrar la manera de desahogarme. Domingo, me propongo a cumplir con mis tareas pero al final del día me doy cuenta que el débito sigue subiendo, para cuando llega el momento importante me estreso más de lo debido y en ocasiones no entrego tareas o las hago mal. Llega un momento en que me vale todo, pero pasa un rato y después intento remediar mis negligencias, pero a veces ya es demasiado tarde.
Son las doce y media de la noche y la promesa que había hecho de cumplir con mis deberes no se cumplió. Me empiezo a auto-programar y repetir quien sabe cuantas veces que no volveré a caer en lo mismo. En ocasiones organizo mis cosas pensando que un buen día empieza desde una noche anterior, pero al día siguiente ocurre lo mismo de siempre.
Han transcurrido tres días desde que inició por enésima vez la misma historia, pero hoy fue algo diferente, ya que desde la mañana hasta la noche todo pintaba igual, pero hubo un momento donde una voz interior me dijo: ¡despierta! ¡Vence tus pasiones!, fue en ese momento donde dije esta noche terminaré el trabajo que dejó el profesor Carlos González y me sentiré muy realizado al darme cuenta que ¡si puedo! En la poca distancia que me separaba de casa fui hablando como loco y repetía muchas frases de motivación. Ahora son las doce de la noche y concluyo que la programación neurolingüística me ayudó a terminar este trabajo; que no sólo realicé un ejercicio académico sino que también aprendí mucho de mí. En este preciso instante leeré por última vez mi trabajo, al terminar lo guardaré en la memoria portátil y me dirigiré a la impresora para convertirlo en un medio impreso. Posteriormente subiré a mi recamara y organizaré mis cosas para el día de mañana. Seguiré repitiendo mensajes positivos en mi mente hasta que me quede dormido esperando que mañana sea un excelente día.

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